EL SECRETO ESTA EN LA LLAVE

sábado, 17 de octubre de 2015

EL ESPEJO LA OTRA CARA


  



             EL ESPEJO LA OTRA CARA





El despertador comenzó a tocar con ese peculiar 

zumbido de los relojes modernos. Un sonido 
relajante y al mismo tiempo implacable, sin darte 
opción, ya que después de un minuto en silencio, 
volvía con su insistente tono.
Cuando entraba en el aseo lo primero que hacía,
era mirar mi mirada en el espejo. Unas veces la imagen que éste me devolvía me agradaba, los menos y otras, me dejaban totalmente decaído. Los años pasaban y en mi rostro quedaba  plasmado uno a uno.

Soy una persona muy translúcida y las huellas de la 

felicidad o dolor, están bien visibles.
Me miré pero ésta vez,  algo hizo que me quedara 
clavado. La persona que mis ojos veían, no era la 
que yo conocía hasta la más pequeña arruga. Era 
una imagen disociada, exenta de matices.
Mi primera reacción fue totalmente desconcertante 
pues, aunque el espejo reflejaba mis rasgos, algo 
había en ellos que me hacían estremecer.
-¿Soy yo realmente? –me pregunté con desasosiego.
Sí, no había duda alguna que era yo, pero mi 
mirada penetrante me estaba adentrando en mi otro yo y de pronto, una gran angustia me invadió. Supe de antemano, que todo lo que había hecho y lo que tenía proyectado, emergería y, ése rostro que no admitía ambages, me acosaría hasta acrisolar todo lo que de unos años acá, era el centro de mi vida.

Traté de que la criba a la que me iba a someter, no 

fuera tan desaforada y, esbozando una sonrisa  
pregunté: ¿No estás contento con lo que hago?La imagen del espejo frunció el ceño.
-Ya. Crees que no estoy cumpliendo con lo que 
prometí. Sé que es innegable, pero no me puedes 
imputar a mí toda la culpa. Yo era un luchador nato 
con unos ideales limpios y un dosificado deseo del 
poder. En eso estarás de acuerdo ¿no?
Me observó con desdén.

Poco a poco comprendí, que en ésa imagen no iba a 
encontrar ni caridad, ni tolerancia. Quería acosarme, deteriorar mi persona.
Durante unos segundos no dije nada. Me limité a 
mirar  la inexpresiva cara sin entrever algo que 
mitigara mi agobio.
Aspiré hondo y me dispuse a persuadir a ése 
extraño que se había tomado la libertad de 
conturbar mi primera hora de la mañana, que todo 
no era tan aciago. Había cosas muy positivas.
No era muy carismático, pero atraía a las masas 
como si mi persona fuera un imán, ya que tenía el 
don de saber decirles lo que ellos querían oír.
__¿Sabes? –comencé a decir con gran petulancia. 
Yo estoy donde  estoy, porque la masa así lo 
decidió. La verdad, no esperaba que fuera a tener 
tantos adictos  a mi partido. Todo fue limpio. Yo no detenté el poder a nadie. Tengo que reconocer, que al principio ofrecí cosas, que sabía que jamás las cumpliría. Y no me importaba. Tenía a mis pies todo un ejército de servidores en haber hecho tales concesiones, pero estaba pletórico de poder y no pude refrenar ese deseo. Además, mi gente me apoyaba.
Todos cometemos equivocaciones alguna vez –dije 
en tono mesurado. Lo que pasa –me apresuré a 
decir- es que tengo una oposición muy detractora.
Me miró con incredulidad.
Era exacerbante su indiferencia ante mi disertación. 
Sacudí la cabeza y con seca proseguí.
__Dime, ¿de todo lo que he hecho a lo largo de mi 
mandato, no hay nada que te pueda satisfacer; 
aunque sólo sea un poquito? No hace falta que me 
conteste. Tú rostro es muy elocuente –dije con 
profunda amargura.
Cerré los ojos para no ver a mi inquisidor tan 
particular. Necesitaba un breve descanso para 
poder ordenar mis ideas y desentumecer mis 
neuronas, para poder arrostrar ese desafío. Tenía 
que ser convincente y no dejarme desmoralizar por 
ésa faz tan intrínseca e insondable. Después de 
todo, ¿qué quería de mí? –me pregunté ¿Qué 
confesara mi derrota? Pero, ¿qué derrota? Mi 
carrera de político estaba empezando, como quién 
dice y, los clarines del triunfo no habían hecho nada más que empezar a sonar. Anhelaba llegar a esa explosión final del poder absoluto con un redoble en el cual, mi primigenia volvería a su circunspección.


Volví a posar mis ojos en el espejo. No se había ido. 
Estaba esperándome con un gesto insultante.
La rabia y cólera, hicieron presa en mí y dando 
rienda suelta a la ira, comencé a insultarlo:

__Eres un tirano, un avasallador. Cruel y 

despiadada ¿No comprendes que estoy sólo? Hay 
decretos y leyes que tienen que pasar por varias 
votaciones. Muchas veces firmaría unas y otras las 
rechazaría, pero la mayoría de las veces, tengo las 
manos atadas ¿No lo crees?
Por toda respuesta, recibí una despectiva mirada.
Totalmente abatido dije pausadamente:
__Contigo no se puede cuestionar. Eres 
un insolente y descarado censor. Te has mostrado 
muy severo conmigo y para ti, todo lo que he
realizado hasta ahora, no merece ni la más mínima 
alabanza. Y no te culpo de ello. Tienes toda la 
razón. Mi excesiva vanidad, me ha llevado a 
vulnerar todo lo que en un principio deseé hacer. Tú has ganado –en mi voz se advertía una profunda tristeza.
Alcé mis ojos y los fijé en los del espejo. Su mirada 
era brillante y un profundo alivio relajaba sus 
facciones.
Salí del aseo y mis pasos me llevaron al despacho. 

Descolgué el teléfono y marqué un número.
__Prepara una reunión urgente.
__¿Para qué?
__Voy a dimitir.
__Pero, ¡qué locura dices! ¿Estás bien?
__Perfectamente. Esta mañana he tenido una visita.
__¿Quién era?
__Alguien que sólo yo conozco.







R.P.00/2008/1318

Luisa Laiz Diez
León,  Marzo  1986





8 comentarios:

Anónimo dijo...

Excelente exposición de algo que debía ser verdad


Fredy

Anónimo dijo...

Es una realidad lo que escribes te felicito

Angelina

Anónimo dijo...


Ya quisieran todos los que están o desean el poder hacer eso


Pablo

Anónimo dijo...

¿Cuántos tendrían que pensar en eso? hay personas que quieren dedicarse a mandar y no saben cómo empezar


Carol

Anónimo dijo...

El tener un cargo debe saber mantenerlo y dar todo lo que la gente espera


Mabel

Anónimo dijo...

En asuntos de política es muy difícil saber lo que está bien o mal, creo queel personaje tenía sus razones


Fedora

Anónimo dijo...

Cada vez me gusta más la forma de expresar lo que verdaderamente debian de hace muchos

Nieves

Anónimo dijo...

Es un artículo que lo debían de leer esas personas que creen ser verdaderos políticos

Raul