EL SECRETO ESTA EN LA LLAVE

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miércoles, 2 de enero de 2019

La estrella erante





      

Resultado de imagen de estrella de navidad



-¡Abuelo, mira eso!

-¿Qué era?, no lo he visto.

-Una estrella fugaz.

-Uh! Te refieres a la estrella errante.

-¿Por qué le llamas así?

-Siéntate a mi lado y te contaré su historia. Verás, 


hace muchísimos años, por estas fechas nació un  

niño. Sus padres, no tenían una bonita casa con 

calefacción. Nada. Un viejo establo, fue lo único que 

encontraron para resguardar al hijo que vino al 

mundo en la más absoluta pobreza.


-Abuelo, ¿me estás contando el nacimiento del Niño 

Jesús?

-Así es. Sigue escuchando y sabrás algo más. Este 

pequeño Niño, vino al mundo a traernos paz y amor. 

A pesar de nacer en un establo, la noticia de su 

nacimiento recorrió la aldea de Belén y presurosos 

acudieron sus moradores a llevarle lo mejor que 

poseían. Estaban alegres. Cantaban y danzaban 

haciendo feliz a un Niño que, entre pajas les sonreía.



Muy lejos de allí, una brillante estrella iluminó el 

sendero a tres Reyes Magos. Sabían que un Niño 

especial, había nacido y que tenían que ir a ofrecerle 

sus mejores regalos. En sus dromedarios, siguieron 

el camino que la estrella les indicaba.

-¿Tardaron mucho?

es, no lo sé. Recuerda que iban montados en 

animales.

-Ahora irían en avión ¿no? 

-Hoy el mundo ha cambiado tanto, que no 

tendríamos esa dicha. Cuando llegaron, le hicieron 

sus presentes y le adoraron como Rey que era. Esa 

estrella fugaz que has visto, es la que anunció a los 

Reyes Magos el nacimiento del Niño. Ahora, está 

errante.

Sin saber a dónde ir. Recorre de vez en cuando el 

cielo de este planeta buscando otro nacimiento que 

nos traiga de nuevo la paz y el amor; aquello que no 

fuimos capaces de valorar cuando otro Niño nos lo 

regaló.








R.P.intelectual 00/2008/1317

León, 15 Diciembre 1997


lunes, 15 de diciembre de 2014

UNA BOLA MÁGICA







Tres golfillos  pateaban la calle  en un intento de matar el tiempo. Deambulaban por la gran Avenida a pesar del frío ambiente sin saber qué hacer.
Con las manos hundidas en los bolsillos vacíos de unos sucios y raídos pantalones, sorteaban a la muchedumbre con pasos  perezosos que  se arrastraban por el gélido asfalto  húmedo y resbaladizo.

No sabían qué hacer, ni como pasar esas horas invernales que se estiraban lentamente como un chicle. Imposible jugar, todo estaba cubierto de hielo. En el parque la nieve cubría prácticamente todo, al no asomarse el sol  durante el Invierno y tener zonas muy sombrías. Tampoco podían contar con sus comparsas de correrías y juegos. Éstos se habían evaporado

__Son unos “cagones” –apostó uno de ellos dando una patada a algo invisible.
__Ellos se lo pierden –contestó otro al tiempo que se restregaba la nariz con el dorso de la mano. El gesto fue tan rápido que, un hilillo mocoso quedó a la intemperie congelándose poco después.
__¿Por qué no vamos hasta el BID-VERT?
__¡Genial idea! Estoy como un chupitel de tieso ¡Qué frío!
__Eres un canijo friolero. Tenías que haberte quedado al lado del brasero.
__No te hagas el valiente. Estás tieso como todos. Tú si que tenías que estar pegado al fogón, asando castañas.
¿Porque no dejáis de hablar y nos vamos? Yo tengo un frío que me voy a quedar como un carámbano de los que cuelgan del tejado de la sra. Patrocinio.
_-¡Jó qué pasada! El otro día, intenté coger uno y casi me rompo la crisma.
__¿Para qué lo querías? No estamos en verano para chuparlo como si fuese un polo.
__No sé. Para tenerlo ¡son tan bonitos! Parecen cristales alargados.
__Nos vamos o qué. Tengo el dedo gordo del pie como un carámbano, así que no hace falta que vayas más lejos  acogerlo ¡Vamos!
A grandes zancadas se dirigieron al lugar mencionado, pues era suficiente motivo para correr más que andar. La sola mención del nombre, les impulsaba con nuevos bríos pensando en el agradable calor y ambiente navideño que allí se respiraba.

 Pronto se vieron absorbidos  por el gentío que iba y venía en una y otra dirección, llevando grandes paquetes primorosamente envueltos en papel con motivos sugerentes a La Navidad y sujetos con cintas de diversos colores.
__Aquí se está divinamente ¿Cómo no lo habíamos pensado antes? –se atrevió a decir el más pequeñajo -mientras sacaba de los bolsillos sus manos ateridas por el frío de la calle y se las frotaba enérgicamente.

Se mezclaron entre  la marea humana dejándose llevar como si fuesen hojas que las lleva el viento. Como niños que eran, todo les llamaba su atención.  Se paraban una y otra vez, ante todo lo que veían. El poder de atracción era muy fuerte, pues los grandes almacenes sabían cómo atraer al público. Eran fechas muy especiales y el espíritu navideño sabían explotarlo bien.

Una fuerza irresistible atrajo a los tres hacía un estante donde se exhibían diversos objetos de Navidad. Allí estaba, sobre una mesa cubierta de musgo y sembrada de pequeñas y luminosas estrellas.
Los ojos de “pecas”, apodo que recibía por la gran cantidad que en su cuerpo había, parpadeaban inquietos mientras observaba expectante la maravillosa ilusión que veía, en la reluciente y luminosa bola azul-plateada.

A su lado, los amigos se empujaban aferrándose con viveza a no renunciar al lugar conseguido para mirar con embobamiento, la brillante esfera.
Daba la vuelta con mucha lentitud para que se pudiera admirar pausadamente el maravillo regalo que la humanidad había recibido.
La figuras en miniatura se hacían grandiosas para mostrar un hermoso niño nacido en un
establo. Luego, quedaba un tenue color azul claro para volver a repetir la secuencia.
Los tres pilluelos, se dieron por satisfechos después de un largo tiempo viendo la maravilla tan asombrosa una y otra vez, dejaron el puesto a otros niños que como ellos, ansiaban ver la bola y quedar  extasiados.

Ya no tenían frío y a pesar de ser unos críos, algo en su interior les decía que, lo visto era lo más grandioso que  muchísimos años antes había pasado. El nacimiento de un niño en una pequeña aldea llamada Belén. Un niño que había llegado a un mundo cargado de amor al prójimo  con un corazón grande para amar a todos sin diferenciar a nadie. Ahí   estaba y nos lo recordaba cada Navidad, aunque fuera una bola mágica.
¿Qué representa la Navidad para nosotros? ¿Cómo la vivimos? ¿Somos conscientes de ese hecho tan sobrenatural? ¿Cómo lo aceptamos? ¿La valoramos en su justa medida?






R.P. intelectual 00/2008/1317
León 14, 12. 2007