EL SECRETO ESTA EN LA LLAVE

jueves, 9 de abril de 2020

TREINTA MONEDAS




                         
Las treinta monedas de plata de Judas Iscariote | Monedas de plata ...




                      T R E I N T A   M O N E D A S



Pagar treinta monedas por delatar a un hombre es una 

vileza, pero más despreciable es quien las toma y no 

duda en traicionar al hombre, que un día le acogió 
como un amigo en su círculo para difundir su palabra. 
Judas, con este gesto tan ruin, daba paso a lo que sería 
un basto proceso, que terminaría con la muerte de 
Jesús.


¿Qué le impulsó a ser tan infame?  La envidia debía corroer tan profundamente su estrecha mente al verse relegado a un segundo plano, que todo su resquemor salió a flote y la bajeza de su acto nos lleva a un desprecio tácito.
¿Sabía exactamente que con esa traición iba a cambiar el rumbo de la historia?
Él, en esos momentos no lo comprendía. Luego, en su interior, algo se hizo añicos al ver su perverso proceder.
Horrorizado huyó dejando en su camino esas treinta monedas, que eran como un símbolo de lo que le esperaba a Jesús.


1ª Moneda: La Traición. Traicionar a un amigo, es ser todo un bellaco.
2ª Moneda: El Beso. Qué beso más falso y gélido, depositó Judas en la mejilla de Jesús.
3ª Moneda: El Prendimiento ¿Por qué se le detenía sino había cometido ningún delito?
4ª Moneda: Un Pontífice  llamado Caifás. Un falso en el Sanedrín
5ª Moneda: La negación de su apóstol más querido: Pedro. Sus lágrimas de amargura, jamás borrarían su débil proceder.
6ª Moneda: Pilato. Se lavó las manos ya ensangrentadas cuando lo entregó al pueblo.
7ª Moneda: Barrabás. Un hombre preso. Libre por el griterío de una plebe ebria de sangre.

8ª Moneda: Los Azotes desgarraron sus carnes, lacerando sin piedad su divino cuerpo.
9ª Moneda: Un Manto de Púrpura, cubrió su humanidad despojada de vestiduras.
10ª Moneda: Corona de Espinas. Su cabeza fue coronada, pero no de oro y piedras preciosas, sino de espinas.
11ª Moneda: Un Cetro de Caña le pusieron en sus manos. La burla llegaba al máximo.
12ª Moneda: La Cruz. Le cargaron a sus espaldas con una cruz tan pesada, como grande es el mundo y muchos sus pecados.
13ª Moneda: 1º Caída. No estaba preparado para soportar tal peso y cae al suelo entre el regocijo del populacho que le insulta y recrimina el llamarse rey.
14ª Moneda: 2ª Caída. Su angustia es inmensa. Su padre le ha exigido tal suplicio, que teme no poder cumplirlo. Los latigazos le recuerdan que debe levantarse y seguir ese camino ya trazado.
15ª Moneda: 3ª Caída. Agotado, maltrecho y dolorido, sus rodillas vuelven a sentir el duro y pedregoso suelo.
16ª Moneda: Simón de Cirene. Una ayuda en su camino lleno de soledad, de suplicio.
17ª Moneda: El Gólgota. Cuando llegó, le dieron de beber vino con hiel. Una despiadada bienvenida para lo que le esperaba.
18ª Moneda: La Crucifixión. El sangriento acto comenzaba. Él, el principal actor.
19ª Moneda: Un Clavo rompió la palma de su mano, hasta incrustarse en el madero.
20ª Monedas: Su otra mano fue presa del 2º Clavo que, golpe a golpe, la traspasó hasta quedar pegada al travesaño.
21ª Moneda: El 3º Clavo, hendió sus pies. Unos pies cansados, fatigados por los sinuosos caminos que había recorrido.
22ª Moneda: INRI. Jesús, Rey de los judíos, proclamaba el letrero en hebreo, latín y griego que colocaron arriba en la cruz. Los que le amaban de verdad, sabían que su reino no era de este mundo.


23ª Moneda: Repartición de sus vestiduras. Ya no las necesitaba. Los dados con su azaroso capricho, las dividió entre la soldadesca.
24ª Moneda: Su primera palabra. Pide a su Padre que perdone a sus verdugos.
25ª Moneda: La segunda palabra. “Hoy estarás conmigo en el paraíso”, dice Jesús al ladrón.
26ª Moneda: Su tercera palabra.  Las palabras que dice a su madre instándola a que ame a su discípulo Juan,  como a su hijo, es toda una lección.
27ª Moneda: ¿Por qué me has abandonado?, Pregunta a su padre. Es la hora nona.
28ª Moneda: Tengo Sed. Un soldado le acerca una esponja empapada en vinagre. Su tormento no tiene fin.
29ª Moneda: Todo está concluido..., susurra con voz quebrada.
30ª Moneda: Séptima palabra. Su fin se acaba. Llama a su padre  y pone en sus manos su espíritu. Un soldado, quizá apiadándose de él, al ver su excesivo sufrimiento, le clava su lanza en el costado.
“Verdaderamente era el hijo de Dios”, se oyó decir cuando las fuerzas de la Naturaleza, dejaron oír sus lamentos, de forma aterradora.

Las treinta monedas diseminadas  cerca del árbol en el cual 

Judas puso fin a su vida, ya no tienen valor alguno. Cada 

una de ellas, tenía asignado un acto amargo, muy cruel en 

la persona de Jesús.

Él lo sabía. Sufrió, y  su dolido lamento lanzado al padre desde la 

cruz, nos hace ver su condición de humano, de mortal. Pero se ha 

comprometido y llega hasta el final. El camino ha sido largo y duro.











R.P.intelectual 00/2008/1316

León, 3  Diciembre  1998







miércoles, 8 de abril de 2020

GOLGÓTA


              
     
                 
              
MONTE GOLGOTA EL CALVARIO | Crucifixión de jesús, Tatuajes ...




            


 GÓLGOTA MONTE DE LAS CALAVERAS


Tardé mucho tiempo en saber el significado de ese nombre. En latín, griego y en arameo significa lugar de La Calavera. Buscaba unos apuntes y por ellos supe del nombre por el cuál se conocía dicho monte en las afueras de Jerusalén, donde Jesús fue crucificado.
Su nombre proviene de rocas en forma de calaveras. El trabajo versaba sobre El Monte Gólgota. Desconocía todo lo concerniente a dicho lugar y el episodio tan luctuoso que allí se había realizado en tiempos remotos. Delante de enciclopedias y libros sagrados, me dispuse a saber lo que ignoraba.

Comencé a escribir notas y sin darme cuenta, ya no tomaba apuntes sino más bien, leía y en cada página encontraba la dimensión tan profunda de un hombre, que nunca puso límites a los que le rodeaban.
Querido por unos y odiado por muchos, su vida estuvo marcada desde que se manifestó su gran poder. En un mundo tan hostil y dispuesto a no tolerar que un simple hombre  generara las multitudes que arrastraba tras él para oír lo que ellos no entendían.

Estaba llamado a ser Rey de Reyes desde que nació, pero su reino no era terrenal, cosa que les fue muy difícil de entender a los que le seguían. No comprendían que él con un simple gesto, tendría batallones y batallones de “ángeles”. No, el no venía a luchar, sino más bien a impartir la sabiduría que le había sido concedida para repartir a sus seguidores.

La fama se acrecentaba y no había lugar en el cual, era esperado para oír las palabras y ver los sorprendentes milagros.
El odio y la envidia crecía por un sencillo hombre, que regalaba paz y amor a cambio, pedía la conversión y no caer en las muchas tentaciones que, un invisible ser maligno les ofrecía –¡Es fabuloso! ¡Qué hombre! –se dijo en voz baja.
Llegó un momento que les fue muy molesto y no podían tolerar que nadie y menos él, les hiciese sombra.

Se inventaron toda clase de cargos hasta que lograron levantar a esos  que días atrás, le habían recibido entre palmas, ramas de olivo y vítores. Su persona ya no era amada.
Aborrecido, vilipendiado y humillado, fue tratado peor que un delincuente  común.
Vendido por unas sucias monedas, acabó siendo reo de muerte.
Nadie alzó la voz para pedir su perdón y sí, para solicitar su muerte.

  Como un hombre desprovisto de compasión alguna, fue juzgado teniendo la peor calaña de la especie humana injuriando y gritando ¡muerte! ¡muerte! Y dando el regalo a un cruel y despreciable bandido con el grito de ¡libertad!
Apabullado por una masa enloquecida, Poncio Pilatos hizo un gesto de total sumisión. Se lavó las manos, dando a entender que él, no era culpable del crimen que se le imputaba. Estaba limpio de culpa. Le entregó a una enfurecida turba.

Atado a una columna fue azotado con saña, buscando en cada latigazo, la sangrienta marca en su espalda. Para tapar la dureza del castigo recibido, le pusieron una túnica y la mofa llegó al poner en  su cabeza, una corona de espinas y entre sus manos un cetro coronándolo así entre risotadas “como rey de los judíos”.
 Le hicieron cargar sobre un cuerpo salvajemente maltratado, una pesada cruz y con ella a cuestas, le encaminaron entre el escarnio, insultos y la brutalidad de unos groseros soldados hacia El Gólgota.

La dureza del camino y carente de fuerzas, hizo trastrabillar sus pies cayendo una, dos, y tres veces. Su rostro que rezumaba sangre ha causa de las espinas de la corona, quedó impreso sobre el lienzo con el que la mujer se lo enjugó.
Arrastrando el madero llegó al monte Gólgota. Una vez allí la ignominia llegó a lo más bajo.
Le despojaron de sus vestiduras y le arrojaron sobre la cruz. Comenzó el cruel tormento.
Primero sus manos y luego sus pies, fueron espantosamente taladradas.
Mientras el martillo bajaba una y otra vez sobre el clavo, las voces y risotadas de la soldadesca, jugaban a los dados rifando las vestiduras del hombre al que martirizaban.
La cruz fue izada ante la algarabía de la chusma.

 En un lugar apartado la madre junto a un pequeño grupo que habían seguido el sanguinario cortejo, lloraba ante el proceder inhumano que estaba padeciendo su hijo.
El tiempo comenzaba a  pasar. “Tengo sed” –dijo con voz queda. Un soldado tomó una esponja y la empapó en vinagre y ayudado con su lanza, la acercó a la boca del sediento.
Luego, otro viendo que no se moría, clavó su lanza en la parte del corazón.
Poco después lanzó su último suspiro y dejando caer la cabeza a un lado expiró. Su muerte trajo un retumbar de truenos, mientras el cielo se teñía de negros nubarrones oscureciéndolo todo. Alguien dijo: “En verdad era hijo de Dios”.
La gente huyó despavorida y solamente quedaron María y el pequeño grupo que no le había abandonado.
Le bajaron de la cruz y el cuerpo terriblemente sangriento por la crueldad, dureza y salvajismo al que fue sometido, fue depositado en los brazos de su madre.
Su hijo, su queridísimo hijo yacía muerto. Lágrimas de inmenso dolor, bajaban por un rostro hasta el cuerpo inerte de Jesús.

Cerró el libro y durante un tiempo quedó inmóvil,  con la respiración contenida.  No se atrevía ni a pensar, ni evaluar lo que había leído.
Saber que El Gólgota había acogido las horas más truculentas de un hombre que fue insultado, azotado,  humillado y como final, la muerte más cruel, le abatió totalmente.
-Sí, verdaderamente fue un hombre especial

SEMANA SANTA 2015



martes, 7 de abril de 2020

CORONA DE ESPINAS



  
La Corona de Espinas | Reina del Cielo




               CORONA  DE  ESPINAS


_Has oído alguna vez hablar de la “Corona de Espinas
_Sí, pero cuando era pequeño en la catequesis.
_¿Sabes que era?
_No lo recuerdo bien, pero creo que era algo que se ponía en la cabeza.
_La Corona de Espinas es un símbolo cristiano ¿Lo sabías?
_No, nunca he practicado la religión cristiana.
_Pero naciste en una familia cristiana y recibiste el bautismo y me supongo que también la primera comunión.
_Sí todo eso hasta que poco a poco lo fui dejando. Todo se fue borrando en la mente y no me acuerdo. Nadie me obligó a hacerlo.
_¿Te gustaría que te lo recordara?
_Pues sí, necesito creer en algo, saber que esta vida no es solo divertirse.
                               _
Jesús había nacido para dar testimonio de que la muerte no es el fin, que la vida que se nos da es un regalo del cual, nosotros dueños de ella, debemos seer en todo momento capaces de ir por el camino recto. Esas palabras son las que aprendimos de pequeños.
Jesús vino al mundo para darnos ese amor que tanto nos identifica unos y otros. Nos amó tanto que perdonó a los que le hicieron sufrir y luego le mataron.
Tenía muchos adeptos que le seguían. Sus sermones eran escuchados y el efecto de ellos era como aumentaban los que deseaban oír sus palabras. Cautivos de los sermones, estaban horas y horas escuchando lo que se aposentaba en sus corazones ávidos de sentir la paz.

Todas las grandezas llegó a oídos del que mandaba y envió a vigilar y estar atento a lo que ese hombre decía y saber el por qué atraía tanta gente.
_Es un hombre que hace milagros –le dijo el que le siguió.
_¡Cómo que hace milagros! –dijo el César con voz alterada.
_Sí, cura a enfermos y les da de comer, aunque sean miles.
_¡Eso es imposible! –contestó todo alterado.
_¡Yo lo he visto!
_¿No hará magia para que todos le crean?
_No, mi señor. Es un hombre que todos le siguen y lo que les dice, son palabras de las que uno se siente confortado.
_¡Ah sí! ¿Tú le has oído no?
_Si César.
_¿De que habla?
_Del amor, sentirse en paz con ellos mismos, amar a los que necesitan ser amados.
_¡Eso es inaudito! ¿Cómo vas a querer a la persona que te ha hecho mal?
_Pues es todo lo que el dice. Amaras a tu prójimo  como a ti mismo.
_¡Pamplinas! Esas aglomeraciones no las quiero ver.
_¿Qué debo hacer?
_Disolverlas totalmente.

 _Eso es imposible, son miles y nuestro ejército  no es tan grande.
_Pues apresar a ese que los congrega.
_¿Cómo? Siempre está rodeado de sus fieles.
_Perseguirle y cuando veáis que está sólo, prenderle.
_Es muy difícil, nunca está solo.
_Pues ofrecer dinero a quien os diga quién es él.
Un beso fue lo que Judas le dio con toda perversidad a su maestro. En ese  instante fue preso y llevado a presencia del César.
Cuando le vio tan desvalido y solitario no quiso juzgarlo y lavándose las manos lo envio a un populacho ávido de maldad.

Fue condenado. Le azotaron atado a una columna. Los latigazos sobre la espalda lo laceraban una y otra vez.
Le pusieron una túnica y un soldado con una risa muy socarrona tomó de un zarzal lleno de espinos y haciendo una corona se la puso a Jesús en la cabeza al tiempo que decía “Yo te corono  Rey de los Judíos”. Las risas y jolgorio fue grande.
Así entre el gentío que se burlaba de él, le hicieron cagar con una cruz y a latigazos fue andando hasta el lugar en el sería crucificado.
El Monte de los Olivos.


 Esa Corona de Espinas clavada en su cabeza por lo pinchos, fue el principal punto de un sufrimiento que tendría fin con su muerte en la cruz. 

                           _
_¿Te has quedado muy callado.
_Me ha impresionado mucho la suerte tan horrorosa que tuvo Jesús.
_¿Nunca lo habías escuchado?
_No. En ningún lugar. Mi vida siempre ha estado muy alejada de esa religión.
_Y ahora ¿deseas tener un contacto más abierto con ella?
_Sí, a pesar de estar tantos años alejado puedo decir ahora que soy creyente.

LEÓN-7-4-2020




lunes, 6 de abril de 2020

GETSEMANI


                    


Getsemaní - Wikipedia, la enciclopedia libre




                                      GETSEMANÍ                    



         

“ABBA, PADRE, TODO TE ES POSIBLE, ALEJA

DE MÍ ESTE CÁLIZ; MAS NO SEA LO QUE YO


QUIERO, SINO LO QUE TÚ QUIERES"




Jesús, hombre como nosotros, lanzó  un grito de 

angustia y manifestó la repugnancia natural de su 

ser hacia el dolor, la humillación y la muerte. Pero 

la voluntad del Padre, era que bebiera de aquél cáliz

y Jesús lo aceptó.

En Getsemaní, Jesús oró y sufrió. La oración fue su 

único apoyo, su consuelo y su refugio. 

Se encontraba en la hora de su pasión y de su 

muerte.

“ORAD PARA QUE NO ENTREIS EN TENTACIÓN”


Les dijo a sus Apóstoles. Por tres veces se 

había acercado a ellos y les había encontrado 

dormidos. La fatiga de una jornada llena de 

hechos cargados de emoción, se había unido a 

los trágicos acontecimientos que ellos intuían 

inevitables. Jesús les había invitado 

insistentemente a la oración, ante la difícil 

misión que les esperaba.

 

“VED AQUÍ, QUE YA SE ACERCA LA HORA, Y EL 

HIJO DEL HOMBRE  VA A SER ENTREGADO EN 

                MANOS DE PECADORES”



Les dijo a sus discípulos, pues se cercaba la 

hora de la amargura, de la tristeza, del 

abandono y el sufrimiento. El cáliz no podía ser 

bebido sin sacrificio.

    
    
“SI ERA POSIBLE, PASARA DE ÉL AQUÉL CÁLIZ”


Suplicó al sentir el temor y la angustia. El 

sufrimiento cruel y el estado de extenuación de 

su cuerpo, hizo que sudara gotas de sangre.

La agonía de Jesús en el huerto de Getsemaní, 

manifiesta su extraordinaria capacidad de sufrimiento

y de dolor.

¡Qué lejos estamos nosotros de soportar el más 

mínimo dolor! Nos acobarda, nos aterra el saber 

o percibir que algo falla en nuestro cuerpo. 

Nuestra fragilidad la notamos cuando se 

manifiesta y es tal el temor que nos infunde 

pensar en el sufrimiento que nos espera, que la 

mayoría de las personas regresamos a esa fe 

perdida, esperando que Dios sea generoso y 

aleje de nosotros ese cáliz que tanto nos amarga.


Cuando vemos que no obtenemos ese privilegio, 

nos desmoralizamos y somos incapaces de ver o 

sentir en lo más profundo de nuestro ser, que es 

una de las muchas pruebas que Él nos envía. En 

vez de aceptarlo, nos revolvemos y hasta 

maldecimos su Nombre. No admitimos bajo 

ningún concepto, haber sido engañados por 

alguien que nos da, lo que no deseamos.


Buscamos el consuelo en la familia o en los 

amigos, pero esto rara vez nos lo pueden dar. 

Saben que el dolor y el sufrimiento es algo que 

jamás se puede eludir.




En resumen: Nunca seremos capaces de aceptar el 

beber de ese cáliz porque nuestra fe se está 

perdiendo. Carecemos de esos valores espirituales 

que no restan ni un ápice a nuestra integridad y sí 

nos ayudan a poder afrontar nuestro destino.











R.P.00/2011/3021

León 15, Enero 1998