EL SECRETO ESTA EN LA LLAVE

jueves, 15 de diciembre de 2011

EN EL CÁLIDO RINCÓN









La mañana se abría paso en un cielo enmarañado de nubes grises, casi negras. El intenso frío arañaba sin piedad la solitaria y angosta calle, que cubierta de copos de nieve daban un paisaje invernal.
Berta sacó la mano que tenía bajo el chal de lana y la acercó al cristal. Intentó borrar la fina escarcha para ver mejor, pero desistió al comprobar que no podía. Volvió a resguardarla y se fue a la cama.

Se tapó y sus manos buscaron el vientre, lo acarició con gran ternura trasmitiendo a través de ellas, todo ese amor que intentaba dar al hijo que estaba dentro.
Cerró los ojos y trató ver a ese ser que día a día, se había ido formando. Ya estaba totalmente conformado y ahora a esperar, le habían dicho.
“¿Cómo será? –musitó. Su mente comenzó a dibujarlo.
¡Oh Dios! –dijo alborozada, cuando sus manos palparon un diminuto pie que, se movía en el vientre.
¿Quieres salir? No, aún no. Espera unos días.
La respuesta fue otro pequeño golpe.
Cariño mío, dentro de poco saldrás. Estás mejor en el cálido rincón en el cual vives. Ahí estás caliente, yo te protejo.

Otro pequeño movimiento.
¿No quieres estar más tiempo ahí? Por favor amor mío, estate quieto. Déjame disfrutar unos días más contigo en ese rincón tan cálido y hermoso en el cual estás.
El movimiento cesó. Una hora más tarde se levantó. Nevaba copiosamente y el frío se colaba por cualquier abertura.







El día transcurrió con mucha lentitud. Las horas no tenían prisa por pasar. El reloj tan veloz antes, le costaba trabajo mover sus agujas. Eso al menos le parecía cada vez que lo miraba.
Se encontraba cansada, pesada y sin ganas.
Es mi hijo que ya desea nacer.
Cuando el niño salió del cálido rincón, protestó llorando.
-Es un hermoso niño ¿cómo lo va a llamar? –preguntó la enfermera posándolo en el pecho de la madre.
-Hoy es Navidad. Le llamaré Jesús –contestó abrazándolo contra ella.







León 25 Octubre 2011

domingo, 4 de diciembre de 2011

JÓVENES DE HOY










Les estuve observando un rato. Reían, hablaban, se gastaban bromas con esa incontenible alegría que tanto denotan. Era un grupo de jóvenes, tres muchachos y dos chicas. Unos libros abandonados, olvidados por unas horas, ocupaban la esquina de un banco donde se sentaban dos de ellos.


La vida a su alrededor continuaba. Las prisas, el tráfico, el caos diario que tanto nos priva de los placeres más hermosos y gratuitos que tenemos como es la vida misma.
Los jóvenes de hoy, indudablemente, son más altos, más guapos y, casi todos estudian. Tienen unos conocimientos en materias, que la mayoría de los padres desconocen.
Su vocabulario a veces, desconcierta. Sueltan tacos como la cosa más normal. Usan un lenguaje acorde con su educación. Pasan de todo. Se creen estar en posesión del saber absoluto.


Es desmoralizador ver y oír como nuestros jóvenes, los que dentro de unos años tendrán las mismas obligaciones que nosotros, sus padres, hayan dejado en el trastero, como un trasto más, la educación, los sentimientos, la moralidad y el amor. Viven al día. Corren hacia el abismo sin importarles nada las generaciones venideras.
La droga, sida, vicio y violencia, eclipsan los valores humanos en una escala tan ascendente, que algún día lamentarán.


Me marché de allí con una sensación de vacío. Sus risas quedaban en él aíre.
¿Quién tiene la culpa? ¿Nosotros? Sinceramente no lo sé. Espero, que estos aciagos pensamientos se disipen como la niebla. Yo apuesto por ellos. La vida es muy hermosa y hay que vivirla de una forma sana e inteligente.










R.P.intelectual 00/2011/3021
León, 15 Noviembre 1993

lunes, 14 de noviembre de 2011

IMAGINACIONES







Confieso ser una mujer muy soñadora. Mi imaginación cuando sueño despierta, no tiene límites. Para mí, es muy fácil cambiar los decorados, las personas, su indumentaria, sus ideas, sus sentimientos, sus valores... En una palabra; adaptar el tiempo y sus moradores, a un hipotético mundo libre, de todo lo que emponzoña su vida y sus actos.
Sin ninguna cortapisa, mi imaginación se abre como una flor y hace incursiones expandiendo su aroma sobre seres llenos de injusticia o maldad, cambiando así, lo que realmente es, en una sublimidad.
A los niños, por los que siento un gran cariño y debilidad, en mi imaginación les ve felices por haber satisfecho su apetito. Contentos y felices, jugando, riendo, sintiéndose queridos.
Mujeres llenas de amor. Comprensivas y emanando de ellas una gran espiritualidad. Felices y orgullosa por el papel tan trascendental en la especie humana. Amando y siendo correspondidas.

Mi imaginación corre libre y ve a hombres con sus azadones al hombro, ir felices a su trabajo. Tirando petardos en las fiestas del pueblo. Llenando de luz y color el grandioso firmamento con sus fuegos artificiales.
Ayudando a los más necesitados y tratando que la paz y armonía, reine en sus corazones. Desgraciadamente cuando vuelvo al mundo real, veo que todo ha sido una jugarreta de mi gran imaginación. Los niños con sus deprimentes y deformados vientres, es el resultado de No su hartazgo, sino más bien, de su hambre, infecciones etc. Otros, con sus cuerpos llenos de heridas, de golpes y roturas de algún miembro, No a causa de sus juegos. Sus lágrimas de miedo a pesadillas y
temores infantiles de verse solos y maltratados.




Las mujeres rotas en su integridad, originadas en la mayoría de las veces, por su condición de ser mujer. Maltratadas, avasalladas, salvajemente violadas. Desencantadas, infelices, no amadas.
Los hombres, siguen con sus armas al hombro.

Dispuestos usarlas contra sus hermanos . Las bombas

siguen destrozando las vidas inocentes.

Los cazabombarderos iluminando con su carga infernal, las ciudades destruyendo sin contemplación alguna hogares, vidas y dejando a su paso el más desolador panorama.


A pesar de ser una utopía, es algo que realizo cuando mi ánimo está decaído, pues me ayuda a seguir pensando en lo poco que merecemos el apelativo de “raza humana”.










R.P.intelectual00/2011021
León, 14 Abril 1994

sábado, 29 de octubre de 2011

LAGRIMAS PARA UN RECUERDO


















El día ponía ribetes de luto al despuntar la mañana que estaba realmente triste. El cielo de color gris plomizo presagiaba lluvia. Ésta, no se hizo de esperar y de forma cadenciosa al principio, terminó por ser más que borrascosa.
El otoño lentamente y de forma subrepticia, se adueñaba de todo. Clima, paisaje y personas. La creciente oscuridad invadía las horas con un desaliento tan abrumador que, apelaba sin dilación alguna a buscar la forma de no caer en sus negras garras y sacar provecho. “El que se aburre, es porque quiere”, dice un dicho popular. Será verdad cuando lo dicen tan alegremente; aunque el aburrimiento cuando se instala es tan demoledor que, sino sabemos atajarlo a tiempo con alguna actividad que nos devuelva a la plena conciencia, “apaga y vámonos”, como se diría vulgarmente.
Cuando llega la estación del otoño, todo parece enmudecer y más cuando viene con esa decadencia que se refleja todo en lo que nos rodea. Clima y paisaje se dan la mano para recorrer los mismos caminos año tras año. Algunos, la miran de refilón porque a pesar de ser fuente inagotable para muchos en expresar su talento, en cambio para el resto hace que aflore la tristeza. Los días se van acortando y el sol cuando asoma, se escurre como un flan gelatinoso, haciéndonos guiños de complicidad.

El otoño, libera todos los colores de su paleta en gamas doradas y terrosas que, hacen la delicia de los que nos gustan los hermosos paisajes otoñales y también el pintarlos.
Noviembre a veces, nos pille desprevenidos si el tiempo ha sido benevolente, ya que tratamos de alargar ese verano que se fue y sólo nos queda un tostado-moreno que a duras penas tratamos de conservar exponiéndolo a la vista aún sabiendo, sus consecuencias puesto que los días ya no son tan calurosos y un cuerpo tan “acalorado”, es un “festín” para los microbios que pululan a sus anchas dejando los consabidos catarros y algún que otro dolor de garganta; aunque días antes ramos de flores y toda clase de ornamentos fúnebres, nos recuerdan de forma insistente a los que se fueron queramos o no y tratemos de hacernos los despistados.
A mí particularmente, esos días tan luctuosos nunca me han gustado. La vida es muy dura y a diario se nos recuerda regalándonos sucesos inesperados que nos llenan de tristeza. Cuántas veces quisiéramos cerrar los ojos y el abrirlos de nuevo, no toparnos con la penosa realidad que esa persona tan querida sí ha muerto.
Los que de verdad hemos querido a los que un día esa “señora” se cruzó en su camino que, aguarda pacientemente nuestra hora, no hace falta que el mes de noviembre nos recuerde que es tiempo de llorar, de sentir el vacío que su marcha nos ha dejado.







Esos seres, estuvieron presentes en nuestra vida de una u otra manera. Les amamos, fuimos inmensamente felices a su lado y es muy natural que nos cueste mucho trabajo él apartarlos de nuestro pensamiento; pero como todo es ley de vida, es necesario aceptarlo puesto que fueron un capítulo de nuestra vida al que tendremos que pasar hoja y asumir la realidad por muy cruda que ésta sea.
A igual que muchas personas, yo no soy una privilegiada. La muerte ha golpeado de forma brusca mi vida. Me he visto tan inmersa en mi dolor que, solamente la fuerza interior que poseo ha sido la que me ha ayudado a no sucumbir, ante ese desaliento tan hiriente.


*“La muerte es parte de nuestras vidas. Tenemos que sentarla a la mesa todos los días”

Por muy duro que nos resulte hay que saberlo encajar. No estamos solos. Cada segundo del día, se vierten cantidad de lágrimas por muertos que estaban ahí, el lugar que el destino nos tiene reservado. Accidentes, atentados, catástrofes etc. Amén, de las muertes naturales.
Dejemos que los muertos descansen en paz. Ellos, pasaron por nuestra vida y muchos de ellos, nos dejaron una huella que solamente el paso del tiempo pone una leve patina para que, nuestras lágrimas sean cariñosas y dulces cuando los recordemos y no nos encontremos tan solos.

*Frase del relato “Inquietudes de mí interior” (L. Z.)







R.P.intelectual 00/2011/3021
León, 25 Octubre 2003



sábado, 15 de octubre de 2011

ESE DICHOSO APARATO







¿Quién no lo tiene? Entre una multitud, sobre todo jóvenes, yo sería la única que alzara la mano y diría: No lo tengo. Pero mi actitud no sería vergonzosa, sino más bien, de ser una persona libre. Sí, creo que lo digo bien.
¿De qué hablo? De algo que mueve hoy en día cantidades muy grandes de dinero. El móvil se ha convertido en el dueño y señor de nuestras vidas. Reina impunemente en todos los campos sin que nadie se atreva a ponerle freno.
¿Es tan difícil poner coto a este pequeño advenedizo? Pienso que, es difícil porque es enfrentarse a verdaderos colosos y nadie tiene interés en hacerlo. Pero, ¿qué pasa con los “paganinis”? ¿Quién les protege? ¿Qué pueden hacer? Por ahora nada. Abrir el billetero y ser los “paganinis” de ésas abultadas sumas que llegan al buzón del correo en facturas de vértigo.

Todo funciona al ritmo del pequeño teléfono. Concursos: “Llamar a tal número si desea.... Pedir un regalo. Anuncios del periódico de cualquier índole, el dichoso número del móvil es al que hay que llamar.
El móvil ha desterrado por completo al teléfono normal. Nunca se ha visto como ahora, usar ese invento que hace muchísimo tiempo Bell, mostró al mundo su maravilloso ingenio y reitero lo de usar ahora, porque a cada paso, te topas con el dichoso aparato pegado a la oreja desde un jovencito, hasta una persona mayor. Estoy de acuerdo en que la mayoría de las veces el móvil, ha sido crucial a la hora de resolver cosas muy importantes, pero en lo que no estoy de acuerdo es, que se use para sandeces y cosas por el estilo, que es lo más normal en la juventud.








El teléfono es un medio de contacto maravilloso si se usa adecuadamente pero, ¿por qué se está tan enganchado a él? Pienso porque en un mundo cada día más acuciado, que no tiene ni tiempo para escribir una carta, resolver los problemas cara a cara, éste minúsculo teléfono, cada día más pequeño, lo hace sin tener necesidad de movernos.
Por la mañana mientras me desayuno, miro este singular aparato, no es un móvil, que dejo

encima de la mesa para no tener que levantarme si suena. Lo miro y me causa admiración el pensar, que tenga el poder de trasladar una voz amada a mi oído, como el mensaje de otro nada agradable.
El Sr. Bell regaló hace muchos años un invento que, ni él mismo intuyó su uso tan excesivo y a veces, tan poco conveniente para cosas sin importancia.

*Han pasado años desde que escribí esto y como todo cambia, pues el móvil tenía que hacerlo. Ya no es grande y mes a mes, sale un nuevo modelo y con muchos adelantos. Ahora son tan planos y con un movimiento ligero del dedo, cambia a lo que deseas ver. Los mensajes que enviamos por Internet se pueden leer, noticias y cantidad de cosas fotos y un son fin de adelantos. Me gusta que todo sea para bien.








R.P. intelectual 00/2008/1318
León, 18-2-2003


sábado, 1 de octubre de 2011

LO SIENTO MUCHO








Lo siento mucho. Esta escueta frase dice mucho o nada. A lo largo de nuestra vida unas personas más que otras, la habrán oído en diferentes tonalidades. Unas, cargadas de intensidad y con claros sentimientos de amor, en un verdadero “mea culpa”. Otras por el contrario, las reciben con tintes bien distintos. Digamos, que forzados o exhibiendo ridículamente un pesar que está muy lejos de ser verdadero.
¿Qué hay detrás de esa frase? Arrepentimiento por nuestra falta de consideración hacia hechos, o compartimiento con alguien, que a la postre, no es merecedor de recibir antes un bofetón, o toda clase de palabras injuriosas.
¿Por qué se dice? Tratamos de borrar esa mala imagen que con nuestra imprudencia, producimos al decir o hacer tal tropelía.
¿Qué esperamos? El perdón y olvido de lo dicho por nosotros en un momento de ira descontrolada. Pero, ¿realmente nos sentimos culpables? O, ¿solamente es un acto de reflejo, asentado desde quién sabe cuánto?

El acto de pedir perdón con ésta frase, debe ser tan sincero, que la persona ofendida lo crea y no sienta ningún recelo. Porque somos tan buenos actores, que soltamos un bofetón, la ofensa o palabrota, con asombrosa facilidad, añadiendo al final: “Lo siento mucho”. Pero lo dicho o hecho, ahí queda.
Hay que ser más responsables y dejarse de actitudes tan odiosas, porque lo único que se consigue es, que nunca seamos creídos. O sino, que se lo pregunten a la mujer llena de cardenales, que con un poco de suerte, recibió al final de la paliza un “lo siento cariño”. Al peatón con el corazón en un puño, tras el frenazo del Fitipaldi de turno oír la disculpa: “lo siento”.







A la señora, que con sus mejores galas es puesta como una sopa, por un gracioso que no tuvo mejor idea, que pisar a fondo y meter las ruedas en el charco y entre risotadas decir: “lo siento señora”.
Estamos tan acostumbrados a esa frase, que ya la dejamos salir inconscientemente ante cualquier arbitrariedad. Nos excedemos en su uso sin pensar tan siquiera, que son palabras inútiles, faltas de sentimiento el decirlas, sin antes concienciarnos.
A veces pienso, que muchas de las cosas que hacemos o decimos, tienen una clara referencia a imponernos y demostrar ¿qué? No sabríamos responder y como débil respuesta, dejaríamos salir un balbuceo: “Lo siento mucho”. Claro, que todo depende de quién lo diga y como se acepte.










R.P. intelectual 00/2008/1318

León, 26 Mayo 1998


viernes, 23 de septiembre de 2011

LA POBREZA QUE NOS RODEA







Las estadísticas de cualquier índole, es algo que últimamente me gusta leer para saber datos, números e informes, de todo lo que sucede en este planeta llamado Tierra. Hoy me ha llamado la atención la pobreza que nos rodea y que se va extendiendo cada vez más, en detrimento de los países del Sur.
Las cifras son mareantes. Los millones de personas que intentan vivir en ese lugar del mundo con unos recursos mínimos, hace que nos planteemos la gravedad de una situación cada vez más problemática.
La pobreza tal y como se la conoce, afecta en realidad a muchísima gente que vive ya no es países subdesarrollados, sino que la tenemos a la vista en cualquier familia o personas solitarias, que mendigan para poder llenar sus estómagos.

Las personas que tenemos un mínimo de piedad, hay veces que nos sentimos incapaces al ver a esas mujeres u hombres, que sufren las consecuencias de su necesidad.
Hay que meterse en la piel de ellos y saber afrontar el día a día, para hacer frente a todos esos grandes o pequeños problemas que tienen, al no contar con suficientes medios.
Los que tenemos el privilegio de recursos para vivir, no podemos olvidarnos de esos seres que están pasando verdaderas penurias y ser más justos con ellos.


Es inadmisible ver, cómo se gasta el dinero en cosas que a la postre, no sirven nada más, para que unos pocos se luzcan o saquen provecho de ello. Tenemos que olvidarnos de una vez y por todas, de la consabida frase: “Siempre habrá ricos y pobres”. Si aceptamos ése dicho como algo que jamás cambiará, estamos cerrando la puerta a millones de necesitados. Hay que ser valientes y forzar a que el destino, interrumpa su inhumano proceder y neutralizar la balanza en beneficio de los pobres
¿Quién ha dicho que no se puede? Querer es poder. No digamos ésta escueta frase en tono impersonal







Rechazo rotundamente esas huelgas en las que vierten al suelo, miles y miles de litros de leche, cuando hay tantos niños sedientos de ella.
Rechazo esas huelgas en las que se tiran cajas y más cajas de

verduras, frutas y todo lo que hay en los camiones, cuando hay tanta hambre, tanta pobreza ¿Quién gana con estos destrozos?

Personas que jamás han pasado hambre. No se puede admitir que un niño vaya a la cama sin cenar. ¿No dormiremos mejor si sabemos, que el pobre de la esquina ya no es tan pobre, gracias a nuestra generosidad en darle la dignidad que merece?
Creo sinceramente que sí.

*No hay disculpas ni palabras que valgan. Sólo en África
generaciones enteras mueren cada pocos minutos por falta
de alimento. Sin palabras









R.P. intelectual 00/2008/1318
León 24 Mayo 1998

martes, 13 de septiembre de 2011

EL ÚLTIMO TOQUE









No hay nadie que se resista delante de él. Todos caemos en esa irresistible tentación.
Nos hacemos los despistados, miramos una y otra vez el calzado que llevamos, buscando de la forma más tonta, si es igual el par o si nos va bien.

Apenas levantamos la mirada dejándola caer en la falda o vestido, investigando si hay alguna imperfección, si hace juego con el bolso y cuando lo vemos colgado del hombro, lo abrimos para ver que todo está allí cartera, llaves y móvil.
Lo sabemos, pero son segundos que robamos a ese descarado que sin pudor alguno, hace que veamos hasta el más pequeño defecto,

Seguimos mirando con una obstinada y aburrida ojeada, cada rincón que ya de por sí, conocemos hasta la saciedad.
La alfombrilla, desgastada por la cantidad de pisadas que soporta diariamente. Los paneles a un lado y otro, sus marcas, roces. Y cuando sabemos que él, paciente y tranquilo espera que nuestros ojos le miren directamente, nos atrevemos a levantar la mirada.

¡Oh! –murmuramos interiormente y es, cuando comenzamos el ritual que de forma genuina, realizamos siempre que nuestra imagen queda reflejada en su pulido espejo.
Gesticulamos, hacemos poses, ladeamos el cuerpo para vernos de lado, atusamos el pelo, nos miramos y requetemiramos, hasta que damos el visto el visto bueno.

Hay personas que jamás miran. Se ponen de espaldas y rehuyen las críticas que su mudo “compañero” pudiese hacer calladamente.
Son personas huidizas que realmente el cuerpo en el cual viven, es solo eso. Un montón de huesos, nervios, piel, carne y, una mente incapaz de pensar.
Cuando el ascensor para, se sale de él con una sonrisa o con un rostro inexpresivo.









León 12- 7- 2011
Luisa Laiz Diez

domingo, 28 de agosto de 2011

UN PASEO POR RÍO










A la 1,45 de una noche tormentosa, dejé Madrid envuelto entre relámpagos, truenos y mucha agua, dando a los habitantes un gran alivio para mitigar el intenso calor que tuvieron durante días.


El avión es grande, impone mucho. Lleno total 342 pasajeros nos disponemos a estar en su interior durante 9 horas y 45 minutos rumbo a Río de Janeiro.


Panorámica de Río de Janeiro


Es la primera vez que salto el "charco" como se dice, pero como el viaje fue de noche, todos vamos dormidos, cosa que para mi fue lo mejor ya que me impresionaba saber que, bajo la panza estaba el Océano. Íbamos a 10.000 metros de altura y 45 grados bajo cero.



Terraza del hotel dond

desayunabamos




Llegamos, desayunamos y nos fuimos a la cama. Luego a la playa está frente al hotel. El agua esta muy alterada, solo me mojo las piernas. Me gusta pasear por la orilla, pero más de una vez, las olas me atrapan desprevenida.

Playa de Copacabana











El hotel dispone de una zona en la cual, diligentes muchachos te instalan una hamaca con toalla.

Por la noche vamos a cenar, todos los compañeros de vuelo de Paco al "Garota de Ipamena"
Se llama así porque el músico y poeta brasileño Vinicio de Moráes estaba allí y paso una garota (mujer) y viéndola le inspiró tal canción que fue muy famosa. El éxito resonante con ella fue grande.



Cola para subir al Cristo






Toda la mañana haciendo una cola de esperar, una hora y cuarto para el tren de cremallera. Lleno total los dos vagones.



El Cristo de Corcovado







A medida que íbamos subiendo, las nubes se iban haciendo dueñas de un cielo muy cubierto. El tren cada vez iba más cuesta arriba entre mucha arboleda. De vez en cuando, se podían ver las “fabelas” entre la vegetación. El viento poco fuerte, pero a medida que llegamos arriba, ya estaba en todo su apogeo.
















Cristo de Corcovado





Las rachas eran fuertes y el frío se hizo muy patente. Nos costaba trabajo hacer frente a las dos inclemencias, atmosféricas bruscamente desatadas. Había momentos que las nubes tapaban el Cristo, puesto que estábamos a 700 metros de altitud. En un momento dado la fuerza del viento hizo que, me viera arrastrada con fuerza si no me cogen, creo que estaría ¡ vete a saber donde!
Las vistas desde allí arriba, son más que impresionantes. Todo Río Janeiro, playas, el Pan de Azucar y el Océano inmenso. La verdad, poco vi ya que no podía uno acercarse al muro.


Otra espera para bajar. Buscábamos el poco sol que de vez en cuando salía, para que sus rayos nos dieran algo de calor.

Cogimos un autobús que nos llevaría cerca de Copacabana, lugar donde esta el hotel ¡qué viaje! Estaba en el pasillo e iba a sentarme, cuando arrancó con tanto brío que, me hizo caer en el asiento. Las curvas las tomaba a tal velocidad, que tenias que agarrarte fuertemente. Toda una experiencia. Para amantes de la velocidad y riesgo, esto es lo más indicado.
Vamos a comer y luego al mercadillo. Grande y diversidad de cosas. Me compré un colgante de jade en forma de trebol, los consabidos imanes de recuerdo y poco más. El cielo cubierto de nubarrones amenazaba lluvía, además estaba muy fresco.
Fuimos a cenar a una terraza y el ambiente que en ella había, contagiaba a uno haciendo su estancia en ella agradable. La noche había quedado tranquila y se estaba francamente bien. Nos retiramos al hotel y a esperar otro día más.


Terraza desayun



Ese día me quedo sola, pues Paco tiene un vuelo de ida y vuelta a la ciudad de Córdoba (América del Sur)

Después de ducharme bajo a desayunar. Hago tiempo hasta la hora que tengo para hacerme una limpieza de cutis, abajo donde está el gimnasio. Más una hora estuve en manos de una experta muchacha que, me dio cremas, aceites, masajes y un sin fin de cosas.

Ignoraba por completo que se pudieran usar tantas cosas, para una limpieza de cutis. Pagé 80 riales.


Paseo de Copacabana


Fui a pasear por el largisimo paseo que hay en Copacabana. El suelo esta formado por ondas que se asemejan como si fueran olas, color gris oscuro, y las claras son la arena. Es muy original, las piezas de pequeño tamaño e iguales en grosor, fue obra de los portugueses. Voy a comer y luego al hotel. Invierto el tiempo en escribir y en leer.Después vuelvo al paseo. La playa que está al lado, sigue muy animada.

Hay un carril que se usa para las bicis, patines y patinetes. También se ve toda clase de personas corriendo. Hay mucha cultura al cuerpo, se ven corredores a cualquier hora.


Terraza de la habitación

De principio a fin del largo trayecto, esta edificado de altos y bonitos hoteles a cada cual más moderno.
Mi vista queda fija en algo que me llama la atención. Entre dos grandes hoteles, hay una gran abertura y a través de ella, se puede ver las favelas que cubren toda una ladera entre la arboleda. No pude por menos de pensar “qué contraste más deplorante”
Vuelvo al hotel a esperar a Paco. Cuando llega y después más tarde, nos vamos a una terraza a cenar. Hotel a dormir y a esperar un día más.


Entrada Pan de Azucar












Después de haber dasayunado, nos vamos al Pan de Azucar, otra de las cosas que no se puede dejar de ver. Luego de un largo recorrido llegamos.



Subida al Pan de Azucar en el Bondinho





Nos montamos en el "Bondinho", dos recorridos suspendisos en cables que nos acercaban al lugar. Pensé que iban a oscilar debido a la altura, pero la verdad fue un recorrido bastante aceptable (los dos)
Las vistas son tan preciosas que te llenan. Las inmensas playas.
Copacabana, Flamingo, Botafogo y el inmenso Océano.







Primer modelo del Bondinho
















Segundo modelo y creo que más seguro que el primero, aunque

el haberlo realizado en aquél entonces, tiene mucho mérito, ya que inventar algo que subiera hasta allá arriba era toda una proeza.







Vista a lo lejos del Cristo.Hermosas vistas panorámicas desde Pan de Azucar



















Lejos Cristo de Corcovado









Las vistas son tan preciosas que te llenan. Las inmensas playas, Copacabana, Flamingo, Botafogo y el Océano. Bajamos y fuimos a la playa, comimos y a disfrutar del sol y agua.


Botafogo














Vista Pan Azucar







Preciosas imágenes para recordar


Playa Copacabana de noche





Una maravillosa noche en el paseo de la playa de Copacabana a esar de la humedad (se ve en la foto los puntos húmedos) se agradecía por el buen tiempo que se podía disfrutar.



Churrasquería









Cuando el sol nos dijo adiós, subimos al hotel, nos duchamos y nos vamos a cenar con unos amigos brasileños a una churrasquería (típicas). Día completo y feliz.



Playa de Ipamena










Hoy vamos a la Playa de Ipamena no muy llejos (diez minutos andando). Es muy limpia, la arena es de color ¿blanca? y el agua clarísima. Hace calor y después de pasear por la orilla, me voy introduciendo poco a poco hasta que me mojo entera.

Quiosko




Nos acercamos al quiosko que está en la acerpara tomar un refresco de los que allí son muy buenos.

De frutas tropicales
Un pintor de acuarelas está pintando pequeños lienzos

de la playa y el hermoso paisaje que está en la margen derecha.






Casa Colonial




Teléfono




La casa colonial es una verdadera maravilla.

Grande de dos pisos, las habitaciones muy espaciosas. Tiene una especie de jardín interiotan grande como la casa.


Se ve que fue en sus tiempos, una residencia muy señorial. Ahora está por dentro muy deteriorada y la ocupan familias de lo que aquí llamamos raza gitana.




Compramos café brasileño y nos vamos a comer. Llegamos al hotel, nos duchamos, comenzamos a hacer la maleta y bajamos a reunirnos con los compañeros de viaje.

Un viaje de casi dos horas al aeropuerto, pues había mucho tráfico y alguna que otra retención.

Llegamos y a esperar que nuestro vuelo saliera rumbo a España. Nueve horas y cuarenta y cinco minutos.




*Un viaje no esperado y que para mí, ha sido maravilloso, lleno de sorpresas. GRACIAS











Río de Janeiro 13 - 8-2011


León 22 - 8 - 2011