
La mañana se abría paso en un cielo enmarañado de nubes grises, casi negras. El intenso frío arañaba sin piedad la solitaria y angosta calle, que cubierta de copos de nieve daban un paisaje invernal.
Berta sacó la mano que tenía bajo el chal de lana y la acercó al cristal. Intentó borrar la fina escarcha para ver mejor, pero desistió al comprobar que no podía. Volvió a resguardarla y se fue a la cama.
Berta sacó la mano que tenía bajo el chal de lana y la acercó al cristal. Intentó borrar la fina escarcha para ver mejor, pero desistió al comprobar que no podía. Volvió a resguardarla y se fue a la cama.
Se tapó y sus manos buscaron el vientre, lo acarició con gran ternura trasmitiendo a través de ellas, todo ese amor que intentaba dar al hijo que estaba dentro.
Cerró los ojos y trató ver a ese ser que día a día, se había ido formando. Ya estaba totalmente conformado y ahora a esperar, le habían dicho.
“¿Cómo será? –musitó. Su mente comenzó a dibujarlo.
¡Oh Dios! –dijo alborozada, cuando sus manos palparon un diminuto pie que, se movía en el vientre.
¿Quieres salir? No, aún no. Espera unos días.
La respuesta fue otro pequeño golpe.
Cariño mío, dentro de poco saldrás. Estás mejor en el cálido rincón en el cual vives. Ahí estás caliente, yo te protejo.
Cerró los ojos y trató ver a ese ser que día a día, se había ido formando. Ya estaba totalmente conformado y ahora a esperar, le habían dicho.
“¿Cómo será? –musitó. Su mente comenzó a dibujarlo.
¡Oh Dios! –dijo alborozada, cuando sus manos palparon un diminuto pie que, se movía en el vientre.
¿Quieres salir? No, aún no. Espera unos días.
La respuesta fue otro pequeño golpe.
Cariño mío, dentro de poco saldrás. Estás mejor en el cálido rincón en el cual vives. Ahí estás caliente, yo te protejo.
Otro pequeño movimiento.
¿No quieres estar más tiempo ahí? Por favor amor mío, estate quieto. Déjame disfrutar unos días más contigo en ese rincón tan cálido y hermoso en el cual estás.
El movimiento cesó. Una hora más tarde se levantó. Nevaba copiosamente y el frío se colaba por cualquier abertura.
¿No quieres estar más tiempo ahí? Por favor amor mío, estate quieto. Déjame disfrutar unos días más contigo en ese rincón tan cálido y hermoso en el cual estás.
El movimiento cesó. Una hora más tarde se levantó. Nevaba copiosamente y el frío se colaba por cualquier abertura.

El día transcurrió con mucha lentitud. Las horas no tenían prisa por pasar. El reloj tan veloz antes, le costaba trabajo mover sus agujas. Eso al menos le parecía cada vez que lo miraba.
Se encontraba cansada, pesada y sin ganas.
Es mi hijo que ya desea nacer.
Cuando el niño salió del cálido rincón, protestó llorando.
-Es un hermoso niño ¿cómo lo va a llamar? –preguntó la enfermera posándolo en el pecho de la madre.
-Hoy es Navidad. Le llamaré Jesús –contestó abrazándolo contra ella.

Se encontraba cansada, pesada y sin ganas.
Es mi hijo que ya desea nacer.
Cuando el niño salió del cálido rincón, protestó llorando.
-Es un hermoso niño ¿cómo lo va a llamar? –preguntó la enfermera posándolo en el pecho de la madre.
-Hoy es Navidad. Le llamaré Jesús –contestó abrazándolo contra ella.
León 25 Octubre 2011