EL SECRETO ESTA EN LA LLAVE

martes, 20 de agosto de 2019

LA DUDA


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LA DUDA





Con mucha frecuencia la duda nos corroe tan 

profundamente que, nos sentimos alterados y  

algo se manifiesta interiormente cuando 

desvalorizamos  el símbolo más voluble de tener 

fe en los demás y en nosotros mismos. Ese 

vocablo... ¡Cuánto nos hace sufrir a los que en 

algún  momento de nuestra vida, se nos instala 

en nuestro interior como una advenediza, 

llenándonos de problemas! Dudamos de todo. Si 

hará un espléndido día o lloverá. Vacilamos ante 

las respuestas de un test. Mostramos gran 

incertidumbre al no estar seguros si daremos la 

talla exigida en algún puesto laboral.


Arrancamos los pétalos de una flor con recelo de 

que nos salga el no. Amamos, pero en  algún 

lugar oscuro de nuestra mente, la insidiosa 

sospecha, nos hace un caldo con aditivos de 

lágrimas, tortura y, quién sabe que  más puede 

haber en esa fórmula tan desazonante, que  nos 

convierte en un Otelo celoso, llevando  la muerte 

ésa Desdémona que toda mujer lleva dentro.

Que indecisión tan patente muestra las caras de 

nuestros pequeños cuando les preguntamos en 

tono bellaco: ¿A quién quieres más? ¿Mamá? 

¿Papá?

Alcanzar la meta en los muchos y muy variados 

deseos humanos es motivo de vacilación, porque 

esa sombra es tan pertinaz, que no nos deja 

expresar lo que llevamos dentro. La inseguridad 

nos llega a desgastar de tal forma, que a veces, ni 

confiamos en nuestra valía. La duda, 

enmascarada palabra, nos enerva y disloca 

acciones, conductas, pensamientos y un largo etc.

¿Por qué dudamos? No es ninguna incógnita, ni 

secreto alguno. Pienso, que tal vez sea, porque 

hemos olvidado que somos humanos y no dioses. 

Que los errores nos ayudan a valorarnos un poco 

más.

La duda, nos hace perder la libertad de ser 

hombres y mujeres libres, sin ese lastre que nos 

oprime cada segundo de nuestra vida en 

decisiones y pensamientos más positivos.


Tomemos una gran dosis de optimismo para que 

esa palabra no nos perturbe y jamás, se haga 

dueña de nosotros.











R. P.  intelectual 00/2008/ 1320
León, 5 Noviembre 1996
        



martes, 13 de agosto de 2019

PASO OBLIGADO


     
    
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               PASO  OBLIGADO


¿Adónde van? ¿Qué piensan? ¿Tienen 

problemas? ¿Son felices?  Estas preguntas me 

las hacía sentada en un banco, mientras 

examinaba  a las personas que, paradas no muy 

lejos de mí, esperaban poder cruzar la calle por 

un paso de peatones.


Cuando la luz verde se encendía, pasaban rápida o 

lentamente y se perdían de mi vista. Era gente 

normal y corriente que por una causa u otra, 

transitaba por esa zona. En el poco tiempo que allí 

permanecí, me entretuve en analizar a mi aire, lo 

que reflejaba cada uno de sus semblantes.

Una señora de mediana edad, con una bolsa en 

cada mano, inició sus pasos. Iba muy  pensativa. 

Durante los pocos metros que le separaban de la 

otra acera, mantuvo su vista baja.


Concentrada en lo que bullía  por su mente, no 

reparaba en nada que no fuera lo que la mantenía 

tan ensimismada. Tal vez tenga problemas de índole 

monetario –me dije o quizás, la causa resida en algo 

más personal.

Un hombre bastante mayor, hizo que le prestara 

toda mi atención. Encorvado, apoyaba su 

endeble cuerpo sobre un bastón.





Despacio, y mirando de soslayo a ambos lados, 

como si temiera ser embestido por algún coche, 

comenzó su periplo. Apenas levantaba los pies del 

suelo, y su paso titubeante me hizo presagiar que la 

luz verde del semáforo, cambiaría antes de que 

llegase al otro lado.
Observé su figura decadente. Los años no perdonan 

–pensé-. Ese cuerpo años atrás, había estado lleno 

de energía y hoy apenas podía tenerse en pie.

¿Cuál era su meta? ¿Hacía dónde iba? ¿Le estaba 

esperando alguien?

La joven, con paso firme y decidido, hizo que 

reparara en ella. Su amplia sonrisa daba a 

entender lo feliz que se encontraba y su airoso 

caminar, eclipsaba todo lo que le rodeaba.  Era 

muy guapa y consciente de ello, regalaba su don 

de la mejor forma que sabía: mostrando su 

encanto.

¿Qué le hacía tan dichosa? –me pregunté- ¿El 

saberse hermosa? Cuando pasó muy cerca de mí, 

fijé mis ojos en los de ella y creo que encontré 

la respuesta: estaba enamorada y era correspondida.


El muchacho que atravesaba ahora el paso, iba muy 

pensativo. Sus manos las metía hasta el fondo de los 

bolsillos del pantalón. De vez en cuando, miraba 

mecánicamente. Se le notaba una gran 

preocupación. Algo anda mal –noté. Advertí  que a 

pesar de su juventud, su rostro iba más en 

consonancia con una madurez impropia de su edad.

“Olvídate de todo y disfruta del día. Estas horas 

jamás volverán y debes sacar el mayor provecho de 

ellas. No dejes que se pierdan” –murmuré mientras 

mis ojos seguían sus rápidos pasos.

Cuando abandonaba mi observatorio, un grupo 

de niños con sus enormes mochilas a la espalda, 

se pararon ante la luz roja. Sus risas y voces, 

hicieron que les mirara de pasada.

-“Gracias a Dios, éstos no tienen aún de qué 

preocuparse. La vida les sonríe y sus problemas, son 

por ahora, una pequeñez. Que su ansia de ser 

mayores, no les robe nunca la niñez”










R.P.00/2008/1319
León, 18 Mayo 1998




sábado, 3 de agosto de 2019

NO SOMOS TAN MALOS



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           NO  SOMOS  TAN  MALOS



Después de  todo, no somos tan malos. 

Así al menos se ha demostrado al decir 

tajantemente NO a la guerra. En 

muchísimas partes del planeta Tierra 

se pudo demostrar; aunque muchos 

como yo, pensemos que sería la 

totalidad del mundo a pesar  de que no 


se viera por distintas razones. No 

haber medios de comunicación, no 

poder hacerlo ante las amenazas de 

ésos que sí quieren la guerra.                   
¡Claro, cómo ellos no van!,  solemos 

decir o pensar cuando nos topamos con 

esa chusma  que no arriesgan nada, 

simplemente aguzan a los demás a 

enzarzarse en conflictos bélicos que 

la postre, lo único que reportan  es  

muerte, destrucción, miseria y un odio, 

difícil de excluir entre los pueblos 

afectados.

La humanidad está cansada, dolida y 

sólo desea paz. Las muchas guerras 

padecidas en el transcurso del tiempo 

no han servido para nada ¿Para qué 

sirve una guerra? Se sabe  cuando 

empieza, pero nunca cuando acaba y en el medio de ella, muerte y desolación. 

Luego, cuando apenas hay jóvenes 

guerreros para empuñar esas armas de 

destrucción, cuando el cansancio llega 

hasta el alma, cuando la mujer ya no 

puede parir más porque sus hombres 

han muerto, entonces sí se firma una 

paz.

      

Los que nunca conocimos esos actos 

bélicos, no deseamos conocerlos. 

Nuestros padres y abuelos, víctimas de 


esos años de barbarie son en muchos 

casos, los  encargados de concienciar a 

sus hijos. Ellos vivieron la desgracia y 

el terror de la muerte sin razón alguna 

¿Por qué ahora? El tiempo se ha 

encargado de civilizarnos, de ser más 

humanos y pensamos que, una guerra 

no es motivo alguno para dirimir 


nuestras diferencias, si es que las hay. 

Pero como siempre los matones de 

turno se aburren de esta paz, aunque 

sea incierta.


Sacan punta de todo. Ponen patas

arriba a todo lo que ha costado años en 

poner en su sitio y de la noche a la 

mañana, tratan de hacernos comulgar 

con ruedas de molino, por decir algo. 

¿No creen que más les valía gastar 

esos miles de millones en algo que 

valiera la pena?  Por ejemplo: Hay 

países que carecen de lo más esencial: 

Alimentos, agua, medicamentos, un 

lugar donde vivir dignamente. Con 

ayudar a todas esas personas, es más 

que suficiente.

No creo que tengan la osadía de ir a 

esos países y pedir  su voto para una 

causa que  ellos, la están sufriendo año 

tras año.

No. No a la guerra. Quiero unir mi 

garganta y gritar PAZ hasta 

enronquecer a los millones que pueblan 

este herido Planeta.

 









R.P intelectual 00/2008/1319

León, 18 -Febrero -2003