EL SECRETO ESTA EN LA LLAVE

viernes, 23 de septiembre de 2011

LA POBREZA QUE NOS RODEA







Las estadísticas de cualquier índole, es algo que últimamente me gusta leer para saber datos, números e informes, de todo lo que sucede en este planeta llamado Tierra. Hoy me ha llamado la atención la pobreza que nos rodea y que se va extendiendo cada vez más, en detrimento de los países del Sur.
Las cifras son mareantes. Los millones de personas que intentan vivir en ese lugar del mundo con unos recursos mínimos, hace que nos planteemos la gravedad de una situación cada vez más problemática.
La pobreza tal y como se la conoce, afecta en realidad a muchísima gente que vive ya no es países subdesarrollados, sino que la tenemos a la vista en cualquier familia o personas solitarias, que mendigan para poder llenar sus estómagos.

Las personas que tenemos un mínimo de piedad, hay veces que nos sentimos incapaces al ver a esas mujeres u hombres, que sufren las consecuencias de su necesidad.
Hay que meterse en la piel de ellos y saber afrontar el día a día, para hacer frente a todos esos grandes o pequeños problemas que tienen, al no contar con suficientes medios.
Los que tenemos el privilegio de recursos para vivir, no podemos olvidarnos de esos seres que están pasando verdaderas penurias y ser más justos con ellos.


Es inadmisible ver, cómo se gasta el dinero en cosas que a la postre, no sirven nada más, para que unos pocos se luzcan o saquen provecho de ello. Tenemos que olvidarnos de una vez y por todas, de la consabida frase: “Siempre habrá ricos y pobres”. Si aceptamos ése dicho como algo que jamás cambiará, estamos cerrando la puerta a millones de necesitados. Hay que ser valientes y forzar a que el destino, interrumpa su inhumano proceder y neutralizar la balanza en beneficio de los pobres
¿Quién ha dicho que no se puede? Querer es poder. No digamos ésta escueta frase en tono impersonal







Rechazo rotundamente esas huelgas en las que vierten al suelo, miles y miles de litros de leche, cuando hay tantos niños sedientos de ella.
Rechazo esas huelgas en las que se tiran cajas y más cajas de

verduras, frutas y todo lo que hay en los camiones, cuando hay tanta hambre, tanta pobreza ¿Quién gana con estos destrozos?

Personas que jamás han pasado hambre. No se puede admitir que un niño vaya a la cama sin cenar. ¿No dormiremos mejor si sabemos, que el pobre de la esquina ya no es tan pobre, gracias a nuestra generosidad en darle la dignidad que merece?
Creo sinceramente que sí.

*No hay disculpas ni palabras que valgan. Sólo en África
generaciones enteras mueren cada pocos minutos por falta
de alimento. Sin palabras









R.P. intelectual 00/2008/1318
León 24 Mayo 1998

martes, 13 de septiembre de 2011

EL ÚLTIMO TOQUE









No hay nadie que se resista delante de él. Todos caemos en esa irresistible tentación.
Nos hacemos los despistados, miramos una y otra vez el calzado que llevamos, buscando de la forma más tonta, si es igual el par o si nos va bien.

Apenas levantamos la mirada dejándola caer en la falda o vestido, investigando si hay alguna imperfección, si hace juego con el bolso y cuando lo vemos colgado del hombro, lo abrimos para ver que todo está allí cartera, llaves y móvil.
Lo sabemos, pero son segundos que robamos a ese descarado que sin pudor alguno, hace que veamos hasta el más pequeño defecto,

Seguimos mirando con una obstinada y aburrida ojeada, cada rincón que ya de por sí, conocemos hasta la saciedad.
La alfombrilla, desgastada por la cantidad de pisadas que soporta diariamente. Los paneles a un lado y otro, sus marcas, roces. Y cuando sabemos que él, paciente y tranquilo espera que nuestros ojos le miren directamente, nos atrevemos a levantar la mirada.

¡Oh! –murmuramos interiormente y es, cuando comenzamos el ritual que de forma genuina, realizamos siempre que nuestra imagen queda reflejada en su pulido espejo.
Gesticulamos, hacemos poses, ladeamos el cuerpo para vernos de lado, atusamos el pelo, nos miramos y requetemiramos, hasta que damos el visto el visto bueno.

Hay personas que jamás miran. Se ponen de espaldas y rehuyen las críticas que su mudo “compañero” pudiese hacer calladamente.
Son personas huidizas que realmente el cuerpo en el cual viven, es solo eso. Un montón de huesos, nervios, piel, carne y, una mente incapaz de pensar.
Cuando el ascensor para, se sale de él con una sonrisa o con un rostro inexpresivo.









León 12- 7- 2011
Luisa Laiz Diez